martes, 3 de agosto de 2010

Alegato a favor de las bicicletas





¿Porqué Javier me mira y me pregunta si puede ir a montar en bici tal día? ¿alguna vez le dije que no? Mientras ustedes se huelen los traseros subiendo cuestas con una bicicleta, Maia y yo disfrutamos de unas horas juntas, a solas, sin testigos... primero, nos tumbamos a no hacer nada todo el rato que queremos, luego, seguimos sin hacer nada pero de pie y si puede ser nos tiramos algunos pedos bien ruidosos para señalar con unos festejadores petardos nuestra nueva condición de niñas salvajes; después nos quitamos lo salvaje con una ducha y nos vamos a las rebajas hasta que se funde la tarjeta y volvemos a casa tres horas más tarde y entonces sí, si no has llegado todavía lloramos hasta que vuelves a hacernos la comida...